RITMO Y ATENCIÓN EN LA COMUNICACIÓN MULTIMEDIA, por Aurelio del Portillo (resumen)
Congreso Iberoamericano de Comunicación “Luces en el laberinto audiovisual” (Huelva, octubre de 2003)
El concepto de RITMO tiene una vinculación etimológica con la acción de fluir. Puede aplicarse a todo tipo de proporciones del espacio y del tiempo, porque es, en sentido amplio, una relación de relaciones que establece un equilibrio entre las partes de un conjunto o totalidad a partir de un cierto patrón de reiteraciones. La naturaleza, la propia configuración física del ser humano, la actividad mental, la creación artística, el conjunto de fenómenos que llamamos realidad está constituido por ese fluido proporcionado en el que basan su razón de ser las artes y expresiones del tiempo: la poesía, el habla, la música, la danza, el cine, etcétera.
Aunque está íntimamente relacionado con el discurso de la temporalidad, no parece estar sometido de forma obligada a razones estrictamente métricas, como los relojes, sino más bien a la sucesión de experiencias provocadas por las ideas y estímulos que constituyen el conjunto del texto. Por un lado establece un nexo de unidad entre los fragmentos del conjunto y por otro mantiene activa la atención de forma continuada. Así la actividad globalizadora del hemisferio tipo “derecho” del cerebro da lugar a la integración de los elementos analizados por la actividad del hemisferio tipo “izquierdo”, generando la comprensión de formas superiores, de formas rítmicas. Ocurre con la música, pero también con todo tipo de textos donde ese fluir penetra y profundiza en el lector generando un discurso interior de ideas y significados que podemos relacionar con la "experiencia psicológica del tiempo" (ROJO SIERRA, 1984).
Como resultado de una serie de investigaciones aplicadas al lenguaje cinematográfico, incluido el análisis métrico de los distintos elementos y transformaciones con los que se construye el relato audiovisual, hemos constatado que siempre se mantiene una arquitectura de reiteraciones y proporciones que justifica la aplicación del concepto RITMO.
Vemos que esa estructura va más allá de la métrica y articula, además de las duraciones, las densidades e intensidades, tensiones y distensiones, que mantienen la atención del lector-espectador en actividad permanente a nivel emocional e intelectual.
El sustrato sobre el que se construyen estas estructuras es el tiempo, pero no en el estricto sentido cronométrico de los relojes sino más bien como experiencia subjetiva. En este sentido cabe relacionar la articulación del discurso con la atención y reacción del lector-espectador y nos obliga de nuevo a observar los mecanismos de la mente.
También hemos relacionado la estructura de la música con la de los textos audiovisuales en cuanto a sucesión melódica, simultaneidad armónica y reiteración rítmica de sus elementos. Esa misma comparación se enriquece y amplía en la interacción de recursos que se produce en la comunicación multimedia, puesto que el juego de proporciones, la relación de relaciones a la que nos referíamos al principio, gana en diversidad si logra mantener un conjunto de patrones de referencia perfectamente articulados.
Esa relación de proporciones prende amablemente la atención de la persona y facilita el fluido del contenido hasta su interior con claras posibilidades de profundizar. Como decía Pierre Schaeffer en su Tratado de los objetos musicales “El secreto está entonces en mantener al oído constantemente activo, sin violentarlo, justamente hasta el epílogo”. Resulta muy interesante comprobar la infinita posibilidad de aplicaciones de esta idea. Lo más difícil es mantener activo el mecanismo de la comunicación a través de la atención. No puede haber caídas en el vacío, aunque puede jugarse con los silencios. Es algo parecido al montaje cinematográfico. O a una lección impartida en una clase, como cualquier puesta en escena. El problema surge cuando quiere trasladarse el modelo a los sistemas informáticos interactivos multimedia donde el que guía ese fluir del discurso es en gran parte el propio lector. A nuestro juicio esto supone un enorme peligro: la dispersión de la atención, la ruptura del ritmo.