V – Pautas y Ritmo
“El proceso de formación de pautas no es más que el fruto de combinar dos o más elementos estructurales y/u operaciones funcionales. La yuxtaposición coherente de dos elementos u operaciones da origen a una pauta sintética que puede ser mucho más –y muy diferente, por cierto- que la simple suma de sus elementos constitutivos” (ROOT-BERNSTEIN, 2002; pg. 146).
Se conoce con claridad el planteamiento de la psicología de la forma que define esa entidad superior a la suma de los elementos que la constituyen. En niveles muy básicos es fácilmente comprensible que un cuadrado tiene un valor propio más allá de la suma de cuatro líneas rectas, al igual que una forma musical como tal es lo que es y no simplemente una coincidencia en el tiempo de vibraciones independientes. Esa coherencia en la relación a la que se refiere la cita que precede a estas palabras responde a un amplísimo campo de posibilidades. Una vez agrupadas operaciones mentales de cualquier índole en una forma coherente ya no importa si estamos uniendo emociones y colores, sonidos y metáforas poéticas u objetos de conciencia sutiles con articulaciones lógicas.
“Los artistas, los músicos, los bailarines, los físicos, los matemáticos y los inventores conciben y crean de continuo nuevas pautas con todo tipo de material –ya sea físico o mental- para acabar descubriendo, con mucha frecuencia, que previamente ya existían, pero habían sido soslayadas” (ROOT-BERNSTEIN, 2002; pg. 147).
Lo que ahora interesa es precisamente ese mecanismo de relación en el que los fragmentos aislados que pueden ser articulados por el hemisferio izquierdo del cerebro, o por la actividad correspondiente a esa función en otros niveles mentales, adquieren la entidad de una forma nueva, de alguna manera independiente, con vida propia, más allá de la suma de esos elementos constitutivos. La pauta que los relaciona se hace reconocible y protagonista de la posibilidad de que cualquier creación sea comprendida y transmitida la idea y/o emoción que lleve asociada. Se llama ritmo a esa coherencia que mantiene un vínculo de unidad entre los elementos o fragmentos de un conjunto o totalidad. Y esas globalidades, esas formas o pautas, ese ritmo, es el ámbito funcional del hemisferio tipo derecho, de la actividad cerebral, mental, que se suponía subordinada al proceso analítico secuencial del hemisferio tipo izquierdo. Relacionada sí, pero ¿subordinada? No debería estar el lenguaje por encima de lo que como vehículo transmite y canaliza. Una vez más se recuerda aquello de que “cuando el sabio señala la luna el necio se queda mirando el dedo” . Sería una limitación reduccionista imperdonable. ¡Cuántas veces se pierde la razón en sus propios vericuetos sin dar un paso atrás para ver el plano general del proceso y descubrir en su totalidad a qué apunta, a qué se refiere, de qué habla! Los procesos creativos no pueden ser considerados como un álgebra de posibilidades combinatorias entre los elementos formales con los que trabajan, sino que deben incluir en su mirada también el espíritu que los inspira, la forma integral que abarca todos los niveles implicados.
Ya se ha observado en este texto que incluso la propia materia no es más que un comportamiento de la energía que sigue determinadas pautas. La física, en su inmersión hacia las partículas mínimas, indivisibles, de lo material, ha llegado a definir esa prácticamente inexistente materialidad como una relación de probabilidades imposible de determinar, como una vibración. Buscando como átomo (no divisible) algo parecido a una piedra muy pequeñita con la que se hubiera construido el cosmos, se ha encontrado con una música. “La teoría cuántica nos fuerza a ver el universo no como una serie de objetos físicos, sino más bien como una complicada telaraña de relaciones entre las diversas partes de un todo unificado” (CAPRA, 1997; pg. 178). Si se sigue la pirámide de niveles de realidad y de conciencia a la que se ha hecho referencia se puede encontrar el ámbito holístico de estas relaciones. La música de las esferas puede ¿descender? a las partículas subatómicas y las asociaciones de ideas guardar armonías rítmicas con ese estado interior capaz de descubrir la belleza. En el camino hay muchas posibilidades, y en ellas se mueven muy probablemente la creación artística y la intelectual. Las redes conectivas de la mente esteblecen la pauta de relaciones en las que se apoya todo proceso intelectivo y también, por supuesto, el espacio inmenso de la creatividad. Resulta sencillo descubrir la pauta que relaciona acentos en la secuencia de un verso, y siguiendo por ese camino también la posibilidad poética de todo lenguaje. El ritmo como razón de unidad y equilibrio en las reiteraciones y proporciones es reconocible en todos los ámbitos de las diferentes realidades, y podrían valorarse innumerables ejemplos. Uno de ellos puede ser el de los relatos audiovisuales (PORTILLO, 2005). Y también, como ya se ha dicho, cualquier creación artística, intelectual o científica que se basa en el reconocimiento de las pautas en las que pueden conectarse lenguajes aparentemente diversos: “Cuando observamos un lenguaje corporal, lo que vemos es un sistema que mantiene algunos paralelismos con el lenguaje hablado” (KNAPP, 1982; pg. 203). Hay un orden implicado en todos los sistemas de relación que nuestras formas de organización mental patentizan:
“Sin nuestros principios de organización los objetos no podrían ser objetos, y, por consiguiente, los cambios fenoménicos producidos por tales cambios de la estimulación serían tan desordenados como los mismos cambios de la estimulación. De modo que aceptamos el orden como una característica real, pero no necesitamos un agente especial para producirlo, ya que el orden es consecuencia de la organización y la organización el resultado de fuerzas naturales” (KOFFKA, 1973; pg. 210).
Los fenómenos de la naturaleza, el funcionamiento de nuestro propio universo corporal, nuestra relación intelectiva con el espacio y el tiempo, todo ello parece responder a ciertas claves de orden. De nuevo la mente debe asumir el reto de soltar amarras para que no se impongan solamente los modelos repetitivos del pensamiento mecánico en su lectura-escritura del mundo, y, como en un viaje astral, situar su punto de vista en una perspectiva global que lo integre todo, incluso a sí misma, rompiendo las barreras entre el que mira y lo mirado quedando sólo la mirada. La creatividad no es sólo una actitud o posición mental que abre las posibilidades de una visión nueva sobre algo que ya existe o que genera algo totalmente nuevo, sea cual sea su nivel de realidad. Es también una forma de relacionar que sirve como pauta para la interpretación de los textos y lenguajes en los que se expresa: también la lectura es creativa. Parece que algún orden inspiró a Bach o a Van Gogh cuando abrían las ventanas de su mente hacia dimensiones poco exploradas, y eso mismo inspira a quien contempla sus obras. Visto de esta forma, y con la misma intención holística que se ha aplicado al conjunto de estas reflexiones, observamos los elementos que constituyen la realidad integral de una creación artística de tal manera que ninguno de ellos finaliza en su entidad aislada sino que cobra valor y sentido en su participación en el conjunto. También entre los diferentes factores y actores del proceso comunicativo.
El descubrimiento desde esta toma de conciencia de las infinitas posibilidades de creación-recreación-reconocimiento de relaciones entre todo lo que existe o puede llegar a existir es suficiente motor como para emprender el viaje.
La asimetría cerebral: pautas y ritmo en los procesos creativos, por Aurelio del Portillo -descargar completo /- resumen