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Aurelio del Portillo
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IV – La forma de la nada

Este subtítulo tiene una intención metafórica. No se habla de una nada absoluta, pero sí de una cierta nada o vacío desde donde surge algo nuevo, una visión o idea. Decía Platón que “conocer es recordar” refiriéndose al ámbito de las ideas inmanentes que nuestra mente redescubre, comprende o trae al campo de lo consciente en su devenir vital. La mente da forma a una idea. Puede que lo haga basándose en algo conocido de una manera más o menos consciente, pero también puede que parta de un nivel tal de inconsciencia que aquello en lo que arraiga su proceso de creación o recreación no pueda ser considerado como una simple activación de la memoria. Incluso aunque esté relacionado con ella puede presentarse como un descubrimiento realmente innovador. Resulta muy interesante en este sentido una anécdota de Giacometti:

“Comenzó a pintar una vez más, pero después de unos pocos minutos se volvió hacia donde había estado el busto, como si fuera a examinarlo de nuevo, y exclamó: ‘¡Oh, ha desaparecido! Pensé que estaría allí todavía, pero ha desparecido'. Aunque le recordé que Diego se lo había llevado, dijo: ‘Sí, pero pensé que estaba allí todavía. Miré y de pronto vi el vacío. Vi el vacío. Es la primera vez en mi vida que tal cosa me sucede' ” (ARNHEIM, 1986; PG. 101).

¿Cuáles son los límites de esta experiencia? ¿Es similar a la ausencia de un ser querido que se percibe como absoluta abstracción sin forma física? ¿Intuimos los vacíos que conforman las limitaciones de la existencia y buscamos algo que los complete para culminar cierta plenitud? No parece plausible que este tipo de visión se limite a las formas físicas, sino que parece razonable ampliarlo a todos los niveles de la mente y de la conciencia, a todos los niveles de realidad a los que ya se ha hecho referencia. En un sentido estrictamente material, asumiendo la relatividad del concepto de materia al que antes se ha hecho alusión, los comportamientos de ciertas vibraciones o ritmos de las diferentes energías que constituyen el mundo fenoménico entren en relación con otro tipo de vibraciones y ritmos energéticos con los que funcionan los mecanismos cerebrales. En esa arquitectura de relaciones se configura la percepción humana, pero también de forma similar otros procesos mentales como la imaginación, la fantasía, la ensoñación, todos ellos basados, según parece, en cierta actividad de movimientos de energía que interconectan las diferentes zonas y funciones del cerebro ( SAKOTA, T. y TAKAO, M., 1994) .

La cuestión es valorar hasta qué punto es necesaria la reiteración de patrones a la que se llama materia para que las energías que se relacionan en un proceso creativo tengan lugar a nivel mental, teniendo en cuenta que se está hablando de actividad cerebral y por lo tanto también de ciertos patrones de comportamiento de la energía que pueden ser igualmente considerados como materiales. Pero ¿cuál es el origen del proceso? ¿Qué lo inspira? ¿De qué se parte? Se vislumbra en el intento de respuesta a estas interrogaciones esa ‘nada', esa pantalla en blanco sobre la que se visualiza o concibe una forma que agrupa elementos y factores muy diversos en no menos diversos niveles, desde el agrupamiento de las vibraciones mecánicas que constituyen el sonido hasta los difícilmente razonables ámbitos de la inspiración, pasando por el vasto campo de posibilidades que se abre en la interrelación entre ideas, emociones y experiencias estéticas. Un texto pretende, y a veces lo consigue, hacer perceptible, palpable, ese universo multidimensional. En él se despliega, desde un punto de vista semiológico, la red de significados que nos permite interpretarlo. Todos estos procesos están regulados por algo más que la configuración de nuestro cerebro y del desarrollo de los diferentes lenguajes que de ella se derivan. También interviene el contexto social, la cultura, y los múltiples condicionamientos que incluso de alguna manera predeterminan muchas facetas del ser humano.

“El grado de procesamiento sensorial o ‘interpretación' no sólo depende de la complejidad del mensaje sensorial, sino también de la estructura del cerebro, no sólo de la que por nacimiento poseemos, también de la organización adquirida a lo largo del desarrollo del animal en su medio” (BUNGE, 1988; pg. 114).

Pero una vez considerada la posibilidad de lo transpersonal, y de otros conceptos cercanos como puede ser el de inconsciente colectivo (RETAMALES, R., 2004), podría establecerse un paralelo de similitudes entre los procesos mentales personales y los que podrían darse más allá de las fronteras de la persona. Al menos desde el punto de vista de que se trata de una compleja trama de relaciones, agrupamientos y asociaciones de ideas, símbolos, abstracciones, emociones, percepciones, interpretaciones, imágenes, textos,… Y entre todas esas relaciones se crean determinadas pautas.

La asimetría cerebral: pautas y ritmo en los procesos creativos, por Aurelio del Portilloo descargar completo----- resumen

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I - Niveles de realidad --- II - La asimetría cerebral --- III - Redes y trampas --- IV - La forma de la nada --- V - Pautas y Ritmo --- Bibliografía