I - Niveles de realidad
“Temo que la palabra ‘realidad' no constituye una característica ordinariamente definible de las cosas a las que se la aplicamos, sino que se la usa como si fuese una especie de halo celestial. Dudo mucho que alguno de nosotros tenga la menor idea de lo que significa la realidad o la existencia de algo que no sea nuestro propio ego” (EDDINGTON, 1931; pg. 419).
Nadie es consciente de que sueña cuando está dormido, salvo en el poco habitual estado de sueños lúcidos (VARELA, 1998; pg. 107). Quizás por eso muchos, por no decir casi todos, reaccionan con diferentes grados de rechazo ante la idea de que lo que consideramos nuestro estado cotidiano de vigilia no es lo “real”, sino un estado más de la mente que puede ser trascendido también por un despertar. Sin embargo esto ha sido afirmado con toda rotundidad por algunos de los grandes sabios del siglo XX, como Krishnamurti, Nisargadatta, Ramana Maharshi o, en nuestro entorno más cercano, Alan Watts, Ken Wilber, Eckhart Tolle, Consuelo Martín,…
“El tiempo es la clave del conocimiento distorsionado de esta experiencia múltiple a la que llamamos la realidad. Y mientras permanezcamos en esta conciencia temporal, la verdadera realidad estará vedada para nosotros porque es incognoscible para el conocimiento en el tiempo. La tensión de conciencia hacia el objeto rompe la unidad original y entonces es cuando vemos el espectáculo del estado de vigilia ordinario, donde lo real aparece fragmentado en mil pedazos y separado en momentos” (MARTÍN, 1998; pg. 91).
Pero el hecho de que lo que llamamos realidad no es más que una forma de considerar comportamientos de energía también ha sido de alguna forma demostrado por la física, por la tan sacralizada ciencia occidental, al confirmar que la materia, el tiempo y el espacio no tienen entidad propia como objetos independientes, sino que existen tan sólo en un complejo sistema de relaciones en las que no se encuentra ninguna partícula material a partir de la cual se hubieran podido “edificar”. Por eso este texto no va a diferenciar las diferentes construcciones mentales como reales o ficticias, sino que va a considerar todo el proceso de la percepción sensorial, la percepción mental, la imaginación, las ideas, los lenguajes, las emociones, etcétera, como integrantes de un mismo sistema en el que se pueden contemplar diferentes niveles o planos de realidad, sin intentar por el momento ir más allá en búsqueda de lo que pudiera ser calificado sin ningún tipo de dudas como lo real.
Ya se ha considerado anteriormente el fenómeno de la cinematografía como un “soñar despiertos” (PORTILLO, 2000). El acercamiento que se hace en esta ocasión a los procesos creativos está en ese marco de observación de los mecanismos de la mente humana por los que se relacionan los elementos de construcción de un texto con sus significados intelectuales y emocionales, tanto si se trata de lenguajes construidos con palabras como con otro tipo de signos o formas significantes. Pongamos un ejemplo: cuando se realiza un encuadre, se selecciona con él una forma visual, y posteriormente son tratados los contrastes o tonos dominantes de esa imagen dotándola de una expresión estética que se canaliza para su lectura en un soporte determinado, se crea una representación, una interpretación en la que se conjugan los diferentes mecanismos del cerebro capaces de articular los movimientos o transformaciones de la luz en formas que significan algo. No importa ahora de qué “algo” se está hablando, sin duda inseparablemente vinculado a los más diversos condicionantes culturales, convencionales, contextuales, etcétera. Pero sí es importante señalar que no se habla tan sólo de significados cerrados, sino más bien de un amplio campo de posibilidades que van mucho más allá de la apariencia física de las cosas y de sus representaciones.
Antoine de Saint-Exupéry escribió en El Principito que “no se ve bien sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos” . Quizás una de las tareas fundamentales de cualquier trabajo creativo consiste en destacar aspectos esenciales buscados en el alma de las cosas. La mirada, pues, en este sentido, no puede ser meramente física. ¿En qué otro plano de las realidades de la mente puede estar arraigada? ¿Son los sentimientos, por ejemplo, también mentales? ¿Acaso podemos considerar por separado lo emocional? Parece evidente que toda emoción está relacionada con una construcción mental, como también lo es que existe lo que ha sido denominado como “inteligencia emocional” (GOLEMAN, 1996). Se puede inferir de todo ello que hay diferentes comportamientos de la mente humana en sus formas de relacionar elementos de todo tipo aparentemente fragmentados o separados y que se puede buscar en esos diferentes niveles de realidad una integración de formas más o menos complejas y sutiles. Desde las líneas con las que se representa la apariencia del espacio hasta las vivencias de un personaje con las que se representa un arquetipo social, pasando por los colores con los que se puede asociar un estado anímico. Y así un largo, ¿infinito?, etcétera.
Decía Pierre Schaeffer en su Tratado de los objetos musicales que “el secreto está entonces en mantener al oído constantemente activo sin violentarlo” , refiriéndose a la necesidad de despertar y mantener desde una composición musical la atención de quien la escucha, en relación con las duraciones musicales (SCHAEFFER, 1988; pg. 155). Pero ¿qué queremos decir con atención? ¿Qué actividad mental supone esa proyección hacia algo susceptible de ser comprendido, sentido, interpretado? A simple vista parece ya que no se trata sencillamente de yuxtaponer signos para asociar significados concretos, sino de integrar lecturas mucho más complejas y diversas en las que intervienen niveles mentales capaces de asociar en amplias formas todos los elementos que intervienen en la construcción, interpretación y comprensión de un texto. Todo ello se amplía y despliega en territorios que superan lo estrictamente racional, aunque se plantea por el momento en el ámbito de las diversas actividades y funciones del cerebro.
La asimetría cerebral: pautas y ritmo en los procesos creativos, por Aurelio del Portilloo descargar completo----- resumen