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“Rompiendo las olas”, de Lars Von Trier, por José Enrique Rodríguez Serrano

Estamos ante uno de los autores más controvertidos de los últimos 15 años. Nacido en el seno de una familia comunista-nudista, Lars Von Traer muy pronto comenzó a interesarse por el cine.

Cofundador del movimiento Dogma, junto a Thomas Winterberg entre otros, siempre trasgresor, intentó rebelarse de esta manera contra el sistema de cine norteamericano.

El movimiento Dogma se puede considerar una vanguardia en los albores del tercer milenio. Con manifiesto incluido, bebe de movimientos cinematográficos anteriores como Neorrealismo italiano, Cinema Novo brasileño, Cinema Verité y documental. Se trata de crear veracidad a través de la estética de noticiario que es más realista y es con la que estamos acostumbrados a ver el mundo en nuestros televisores a diario en la sobremesa: algo que nos hemos acostumbrado a creer. De esta manera una narración de ficción con esta estética resulta mucho más verosímil e impactante.

Aquí se recogen los mandamientos del Dogma:

1. Los rodajes tienen que llevarse a cabo en localización. No se puede decorar ni crear un "set". Si un artículo u objeto es necesario para el desarrollo de la historia, se debe buscar una localización donde estén los objetos necesarios.

2. El sonido no puede ser mezclado separadamente de las imágenes o viceversa (la música no debe ser usada, a menos que ésta sea grabada en el mismo lugar donde la escena está siendo rodada).

3. La cámara debe ser manipulada con las manos o apoyada en los hombros (la película no será rodada donde está la cámara; El rodaje debe ser realizado donde esté la película).

4. La película tiene que ser en colores. Luz especial o artificial no está permitida (sí la luz no alcanza para rodar una determinada escena, esta debe ser eliminada o, en rigor, se le puede enchufar un foco simple a la cámara).

5. Usar efectos especiales o filtros de cualquier tipo está prohibido.

6. La película no puede tener una acción o desarrollo superficial (no pueden haber armas ni pueden ocurrir crímenes en la historia).

7. Las alteraciones de tiempo y/o espacio están prohibidas (esto es para decir que la película toma lugar aquí y ahora).

8. Películas de "género" (genderfilm) no están aceptadas.

9. El formato debe ser 35 mm normal (academy format)

10. El director no debe aparecer en los créditos

Curiosamente se puede decir que estos autores crearon una paradoja: pretendían liberar su cine constriñéndose bajo unas férreas normas.

La película a la que nos referiremos también es una paradoja en sí misma. Fue filmada el mismo año que el manifiesto Dogma fue creado (1995). No obstante Lars Von Trier se salta varias reglas (su primera y única película Dogma fue “Los idiotas” en 1998), introduce efectos, banda sonora y rubrica su obra. Lars Von Trier es uno de los padres fundadores del movimiento pero sólo tiene una película concebida según los cánones de éste. Además es una película en apariencia vanguardista con un trasfondo clásico en lo que a tema se refiere.

 “Breaking the waves” se circunscribe a la trilogía que el mismo Lars von Trier llamó Corazón de oro; dicho título proviene de un cuento que le impactó cuando era todavía un infante y que contaba la historia de una niña que se interna en un bosque con los bolsillos llenos de migas de pan y que al salir de dicho bosqueestá desprovista de ropa y sin nada que llevarse a la boca pero aun así sonriendo: lo había compartido todo.

Esta premisa argumental se mantiene en Rompiendo las Olas: Bess (Emily Watson) es una mujer inadaptada en una comunidad ultra católicade Escocia. Encuentra una vía de escape al casarse con Jan (Stellan Skarsgard). Él sufre un accidente y Bess pide ayuda a su dios para salvarle…

En Lars Von Trier nos encontramos con un autor que sabe combinar la vanguardia con la más pura tradición de su país y universal (como ya hiciera Buñuel). Es muy fácil comparar “Rompiendo las olas” con películas tan antiguas como “La pasión de Juana de Arco” de Carl Theodor Dreyer en lo que a temática se refiere. Se puede decir que la primera es una reescritura de la segunda por la cantidad de puntos en común: en ambas se obra un milagro y un posterior sacrificio:

En “La pasión de Juana de Arco” una joven, no demasiado inteligente, de alma pura, que vive en un ambiente opresivo (aldea de Lorena), habla con Dios. Tiene que matar a seres humanos (ingleses) para reconquistar su Francia medieval en la guerra de los 100 Años, sacrificarse y ser una mártir.

En Rompiendo las olas una joven, no demasiado inteligente, de alma pura que vive en un ambiente opresivo (aldea escocesa), habla con Dios. Tiene que fornicar para poder arrebatar de las garras de la tetraplegia a su marido.

Paradójicamente en una película se tiene que matar y en la otra follarse a todo bicho viviente para conseguir la gracia divina y calmar la sed de sacrificios que un dios anacrónico requiere. Dos mandamientos de la religión cristiana se ven contradictoriamente violados (el IV y el VI).

Son muchas las analogías, como hemos visto. Otra tradición nórdica que se cumple, en lo que a temática se refiere, es el sufrimiento como ente purificador a través del cual se puede encontrar la catarsis. Temática muy tratada por el gran maestro sueco Ingmar Bergman (El silencio, Gritos y susurros, Persona).

Es una refutación a temas tan en boga en cine como la eutanasia, en la que alguien se sacrifica moralmente para matar a un ser querido. Aquí hablamos de un sacrificio para dar vida. Una redención por amor al prójimo en la que se ve lo mejor del ser humano, una revisión de la historia cristológica, la lucha de un hombre/mujer para resquebrajar los anticuados y antihumanistas sistemas de valores que aun hoy perduran (sí, así es, señor Ratzinger) para que la vida persista y todo sea mejor.

Esta tradición temática, que roza la irrealidad, es sabiamente combinada con la vanguardia estética, consiguiendo que este sufrimiento sea más dinámico y llevadero, continua inestabilidad de cámara y premeditados saltos de eje consiguen que esta historia tan increíble se inscriba en un universo diegético de extrema realidad y que por ello estremezca a un espectador que se revuelve en su sillón o butaca ante el sacrificio tan grande que Bess despliega.

En conclusión: el genio de Von Trier radica en un profundo análisis de las reacciones humanas ante el sufrimiento y el sacrifico por amor (eje central de su obra) aderezadas con innovadoras puestas en escena y realizaciones, como se puede comprobar en el resto de su filmografía.

 

Para acabar tres citas:

“Siempre hay un poco de locura en el amor, pero siempre hay un poco de razón en la locura” Friedrich Nietzche.

“El amor no tiene nada que ver con lo que esperas conseguir, sólo con lo que esperar dar, es decir todo” Katherine Hepburn.

“La medida del amor es amar sin medida” San Agustín.

 

 

 

 

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