"Metrópolis" (1926) y "Blade Runner" (1982), por Eduardo Torre Cantalapiedra
Metrópolis de Fritz Lang es una de las películas que más tinta ha hecho correr debido a su infinidad de versiones, y lo mismo ocurre, aunque en menor medida, con Blade Runner de Ridley Scott. La versión de Metrópolis escogida para este análisis, a falta de la versión que incluirá el metraje encontrado en Argentina, es la restauración llevada a cabo en 2001. El proceso de restauración tuvo como objetivo lograr un resultado lo más cercano posible a la versión que se estrenó en Alemania en 1927. Versiones de Metrópolis hay muchas debido a los múltiples negativos que se rodaban en el cine mudo (los llamados negativos para la exportación), y por las diferentes censuras y modificaciones que sufrió con posterioridad. La versión escogida de Blade Runner es la llamada versión del director de 1992.
Metrópolis y Blade Runner son dos películas que difieren sustancialmente en sus argumentos; el robot María (específicamente un androide) guarda poca relación con los replicantes; el guión (tachado de infantil) de Thea Von Harbou, donde el joven Freder viaja a las entrañas de de la ciudad subterránea, no tiene conexión con el relato de Blade Runner con el agente Deckard persiguiendo a los replicantes. Tampoco se quiere decir con esto que en ambas películas no haya rasgos comunes, pues los tienen.
Ambas películas podrían catalogarse como cine futurista, porque miran hacia delante en el tiempo y es en el futuro donde enmarcan la acción. En el caso del film alemán la mirada se adelanta cien años, mientras que el film americano lo hace en cuarenta y seis años.
Se puede decir que Blade Runner está influenciado por Metrópolis en el diseño visual de la ciudad. El abarrotado ambiente urbano, en el que los ricos, literalmente, viven por encima de los trabajadores, dominado por un enorme edificio -la nueva torre de Babel en Metrópolis y la construcción de la Tyrell en Blade Runner-. Pero es cierto que el papel que juega el espacio en el filme de Lang no se puede comparar con el de Scott. En la película germana la modernísima ciudad es un personaje tan importante como sus propios protagonistas de carne y hueso. Mientras que en el filme americano juega un papel más estético, más artificial.
Otro de los rasgos que tienen en común es que las dos se suponen grandes exponentes del expresionismo y de la posmodernidad, cuando en realidad no lo son.En mi opinión, Metrópolis no es expresionista y Blade Runner no es postmodernista. Metrópolis tiene muchas de las características del expresionismo, pero no debería ser catalogada como expresionista. Primero porque no encaja en sentido estricto en las características que podemos atribuir a esta corriente. En segundo lugar, porque Metrópolis es una obra que responde a una construcción ecléctica: en lo estético, en lo arquitectónico y en lo temático. En otras palabras, mezcla características expresionistas con cuestiones futuristas, con movimientos artísticos propugnados por la Bauhaus y otras manifestaciones artísticas. En todos los aspectos analizados, hay algo más que influencia expresionista. Por ejemplo, si pensamos en las actuaciones, tenemos a un Rotwang con una actuación expresionista, pero también a María con una actuación totalmente distinta. Con Blade Runner pasa lo mismo. Hay componentes de la posmodernidad: la idea de pastiche, dar nuevos usos a sonidos e imágenes, la idea de consumo, los simulacros que suponen los replicantes, etc. Pero todas estas características chocan con un argumento absolutamente clásico y con los elementos de la modernidad como los residuos del progreso que se pueden atisbar en algunos de los fotogramas del filme. En definitiva Blade Runner no es en su conjunto posmoderna.
Para finalizar, se quiere señalar que tienen algo más en común: son películas que han influido sobre un amplio conjunto de obras posteriores. Esto es debido a que no sólo se adelantaron en el tiempo en el relato, sino que también lo hicieron en cuanto a técnicas y conceptos cinematográficos.