Como piezas de Mahjong: “Deseo, peligro”, por Natalia Gómez Granda
“Deseo, peligro”, de Ang Lee (2007) podría considerarse como un thriller sobre la resistencia a la ocupación japonesa en China durante la II Guerra Mundial, pero sobre todo es una historia de amor, entre Wong, una estudiante universitaria, y Yee, un miembro del gobierno japonés en la ciudad.
La narración empieza en un punto álgido de la historia, con un ritmo muy rápido (gracias a los movimientos de cámara durante la primera partida al mahjong), para después volver atrás y recuperarla poco a poco, con un ritmo mucho más lento, quizás demasiado, pero que permite al director una mejor elaboración de los personajes.
Éstos, son dibujados como seres solitarios, reprimidos y atormentados por su destino: ella, abandonada por su padre, exiliado con sus hermanos en Inglaterra, fingiendo ser en todo momento quien no es; y él, cruel, frío, calculador, que vuelve a casa junto su mujer, noche tras noche, imperturbable e impoluto, como si la sangre no corriese nunca por sus manos. Lee nos muestra las penurias de esos personajes, mucho más visibles en el caso de Wong, a través de la pérdida de su virginidad para engañar al traidor, o en el terminar creyéndose la impostura y el papel de amante que tan magistralmente recrea hasta acabar atrapada en él, viviendo una historia de amor y pasión que le hace casi imposible diferenciar entre su yo real y el yo actuado, puesto que todo se confunde.
Hay que destacar la gran interpretación de Tony Leung (Mr. Yee) que sólo con la mirada es capaz de componer su personaje, el traidor frío e insensible, pero que no puede resistirse a enamorarse, y que es el encargado de imponer el ritmo a la segunda parte del film.
Durante la película se pueden ver muchas escenas de sexo explícito, en las que llega a trascender el erotismo y se nos hablan de sentimientos y emociones más crudas y difíciles. En el segundo encuentro sexual entre los protagonistas, es muy llamativa la desesperación con la que se entregan, como si quisieran devorarse mutuamente. Ambos pueden ser ellos mismos durante esos encuentros, Yee puede bajar la guardia por unos instantes, y Wong puede despertar nuevas emociones. Son piezas que encajan, igual que las del Majhong que se nos muestran durante toda la película. Se rinden al deseo de la otra persona, y no ven el peligro que esto les implica, que se han enamorado pero no saben verlo.
También hay una violencia explícita en una de las escenas más espectaculares, donde los compañeros de Wong por necesidad tienen que aprender a matar, sin saber hacerlo, con lo que ello conlleva de agonía para el cadáver y es ahí cuando nuestra protagonista pierde la inocencia, y se equipara al mismo traidor al que repudia y desea.
Muy bien acompañada por la música, presente siempre pero sin robar protagonismo a las acciones que estamos viendo, esta es una magnifica película, una tragedia intensa, que aunque no resulte impresionante en un principio, va madurando lentamente y nos deja una sensación entre amarga y hermosa debido a su desolador aunque bello final.