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“Cinema Paradiso ”, de Giuseppe Tornatore, por Yolanda González Prieto

L´AMORE DAL CINEMATOGRAFO

Aun intentando no dejarme llevar demasiado por el cariño que siempre me ha producido Italia, y su cine, lo que voy a decir a continuación puede sonar idealizado, incluso cursi, pero creo que si existe una palabra que defina bien esta película, esa es pasión. Pasión por la vida, por el amor, por la amistad, por lo desconocido, por los recuerdos, por los sueños… pero por encima de todo, pasión por el cine.

Cinema Paradiso es el mejor homenaje que se le puede hacer a esa fábrica de ilusiones, que es el cine. Es un tributo excepcional al 7º arte, realizado por un verdadero admirador del cinematógrafo. Es una película hecha para emocionar, para los nostálgicos del buen cine. Se puede decir que está a medio camino entre el cine neorrealista italiano de los años de la posguerra de la 2ª Guerra Mundial (1942-1961), por la muestra que hace de esa realidad cotidiana de la sociedad, y la más famosa y enternecedora comedia italiana.

Esta película, que a primera vista parece crear un mundo totalmente ficticio, en el que el protagonista, Totó, vive su vida obsesionado con el cine y vive como el personaje de cualquier film del Hollywood clásico, tiene mucho más fondo y mucha más realidad de la que aparenta. Bajo la excusa del cine se habla de muchos sentimientos y muchos interesantes temas: la superación del hombre, la inmigración, la censura y la represión que conlleva siempre una posguerra, el primer amor, la complicada relación a veces entre una madre y un hijo, la pérdida de un padre, etc.

Creo que es un documento único para tener la oportunidad de apreciar cómo se vivía el cine en lo que todavía eran sus comienzos, cuando ir a una sala de exhibición cinematográfica era todo un espectáculo y creaba un conglomerado de gentes totalmente distintas, desde los más pobres campesinos hasta la alta burguesía y los empresarios del pueblo. El cine era diversión, evasión de todo lo malo que quedaba fuera al traspasar la puerta que te llevaba a ese mundo de ilusión. Era el lugar donde se compartían risas, llantos, alegrías, penas, besos,… Hoy día sigue siendo un lugar muy importante donde compartir ocio y emociones, pero es que durante mucho tiempo el cine también significó libertad. Libertad y escape de los difíciles momentos que se estaban viviendo en las calles.

Giuseppe Tornatore emplea a la pareja de Alfredo y Totó, al maestro y su aprendiz (que normalmente también actúa de pequeño pícaro y muchacho travieso) para narrarnos la película. No es la primera vez que encontramos esta estructura en el cine italiano. En películas como “El ladrón de bicicletas” de Vittorio De Sica, o más actualmente, en “La Vida es Bella” de Roberto Benigni, también encontramos esta sentimental unión de padre e hijo. En el fondo, en Cinema Paradiso,Alfredo es el padre que Totó nunca tuvo, porque éste, a pesar de los muchos intentos de la madre por ocultarlo, (aunque eso signifique llevar la carga de ese inmenso dolor ella sola) muere en la guerra. Alfredo, al igual que Antonio (Lamberto Maggiorani) y Guido (Roberto Benigni) en las películas que he citado anteriormente, son figuras a las que los pequeños que los acompañan admiran y de las que intentan aprender. Sin embargo, los adultos también se equivocan y la inocencia y la sinceridad de los niños muchas veces hace que los papeles se inviertan y sean los mayores los que terminen aprendiendo de ellos.

Alfredo siempre le habla a Totó de las cosas que enseñan las películas, pero sin duda el mejor consejo que le da no lo aprende de ninguna, sino de la vida misma. Le dice que para ser feliz y realizar sus sueños tiene que seguir su camino lejos de su pueblo, al que no debe volver nunca, ni recordar a los que allí deja. En este momento ese encanto que nos ha envuelto toda la película se torna melancolía. Es como si de repente también creciéramos nosotros con Totó y entráramos en la edad adulta, en la que el soñar ya no sirve, sino que hay que tener los pies en la tierra y tomar decisiones difíciles. Pero cuando creemos que el director nos va a dejar con este triste sabor de boca, nos deleita con una especial sorpresa, y nos brinda al final del film una de las secuencias más emotivas que yo he visto jamás, la secuencia en la que Totó descubre que lo que Alfredo le ha dejado como herencia es la unión de todos los fotogramas que la censura eliminaba de las películas, por ser demasiado “pornográficas”. Todo el amor, toda la pasión, toda la curiosidad, todo el erotismo y todas las emociones comprimidas en esos fotogramas, explotan por fin en la pantalla delante de la atenta e impresionada mirada de Totó, y también de la nuestra. Me llamó sobre todo la atención el que hoy en día estamos muy acostumbrados a ver este tipo de imágenes, incluso mucho más “fuertes”, y sin embargo esto no evitó el que estuviera observándolas intrigada y sin parpadear.

Cinema Paradiso es una de esas películas que te hacen amar el cine, sus historias y a sus personajes, que te hacen creer que el cine es capaz de hacer nuestras vidas más felices, aunque sea esas dos horas que dura la proyección. Cinema Paradiso te deja en el cuerpo esa extraña sensación de emoción que somos incapaces de explicar con palabras, esa sensación que te deja lagrimas de emoción en los ojos y una gran sonrisa de felicidad en los labios. Es una de esas películas que te pone los pelos de punta en cada uno de los planos.

 

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