"La casa de las dagas voladoras ", de Zhang Yimou, por Vera Gómez
Tras una larga carrera cinematográfica, el inagotable Zhang Yimou, integrante de la Quinta Generación de la Escuela de Cine chino, nos presenta su nueva obra: La casa de las dagas voladoras. Con ella, retomamos - si alguna vez la abandonamos - aquella dicotomía que ya vivimos con Hero (2003) entre los seguidores de la primera época del director, donde se incluyen las espléndidas Sorgo Rojo y La linterna Roja, que rechazan esta nueva “fase efectista y comercial”, y los adeptos de sus dos últimos trabajos. Pues bien, yo hasta el día de hoy, simplemente, y dejando a un lado el debate, soy partidaria del discurso cinematográfico practicado por este gran cineasta.
La casa de las dagas voladoras es en toda regla un drama caballeresco (también llamado wuxiapian) que nos narra poéticamente una historia de amor llena de engaños, propia de las obras de Shakespeare. Esta obra difiere de sus anteriores cintas de contenido puramente social. Pero no desvelemos mucho más, y centrémonos en lo que realmente destaca en la película: la puesta en escena. Visto el gran trabajo realizado con el espacio escénico, no sorprende descubrir que Zhang Yimou comenzó en el cine como director de fotografía. En la elaboración de planos juega constantemente con tres elementos: la naturaleza, el color y las coreografías de luchas y bailes. A excepción de las primeras secuencias que se suceden en un burdel de barroca decoración, priman los escenarios exteriores, donde predominan los marrones y amarillos de los bosques otoñales, pero sobre todo los verdes bambúes que sirven como marco de las composiciones más atractivas del filme, y cuyas localizaciones reales se encuentran en China y Ucrania. Cada combate tiene un escenario diferente y las luchas que se producen se convierten en bailes de espadas, dagas, flechas, telas y personajes. Se une a la hermosa representación visual un vistoso vestuario.
Junto a Takeshi Kaneshiro (Ángeles caídos) y Andy Lau Tak Wah, una radiante Zhang Ziyi (Tigre y Dragón, Hero) vuelve adeleitarnos con su interpretación y su belleza cerrando así el triángulo amoroso. Estos personajes se presentan en un segundo plano apareciendo siempre integrados en una naturaleza saturada que se convierte de esta manera en elcuarto protagonista de la historia.
Para muchos el cine es el arte de contar historias, para otros, el séptimo arte es mucho más que eso: es luz y forma. Estos elementos, de igual o mayor relevancia, casi siempre quedan olvidados; no en el caso que nos ocupa. Por esta razón, La casa de las dagas voladoras logra que el espectador tenga una experiencia sensorial difícil de olvidar y se convierta en una de las mejores películas del año.