Bienvenidos a una Historia reciente: “4 meses, 3 semanas y 2 días ”, por Natalia Gómez Granda
A un público acostumbrado al cine de Hollywood, esta película puede producirle una sensación de agobio y cierta incomodidad, ya que es un durísimo retrato de la supervivencia en medio de una dictadura, en el que dos amigas tienen que cruzar la línea de la legalidad para que a una de ellas le realicen un aborto en el este de Europa hace apenas 20 años.
Palma de Oro en Cannes, mejor película y director en los Premios Europeos, nominación a los Globos de Oro… Con un tema tan serio, polémico y espinoso como es el aborto, con una pequeña producción, desde un país de escasa industria cinematográfica —o al menos, poco conocida: Rumanía—, y renunciando a la música. Con este cartel, Cristian Mungiu traza un duro retrato social y humano en su película “4 meses, 3 semanas y 2 días”, que forma parte de un proyecto denominado “Retratos de la Edad de Oro”, recreación del comunismo que asoló Rumanía entre 1946 y 1989.
La película tarda en arrancar, en parte porque el director deja mucho tiempo la cámara quieta y esos ratos se hacen pesados y cansados, y en parte también, porque Mungiu quiere que sepamos las penalidades que suponía en su país conseguir una marca de tabaco o una habitación de hotel, antes de mostrar cuánto sacrificio suponía un aborto. Evita los recursos emotivos y se ciñe a los descriptivos y a un tratamiento muy original del tema, como el hecho de que el punto de vista no sea el de la chica que decide abortar a escondidas, sino el de su amiga, que se presta a ayudarla. Otilia es la que se encarga de reservar la habitación de hotel donde se va a cometer el 'delito', la que va al encuentro del hombre que va a realizar el aborto, etc. Anamaria Marinca realiza una actuación sobrecogedora, hablando con sus silencios, con sus miradas, con sus gestos, llevando todo el peso de la película a sus espaldas.
Mungiu huye desde el primer momento de toda clase de sentimentalismo, así como de referencias, y mucho menos críticas explícitas. La primera media hora resulta confusa, pero confusa de un modo que logra atrapar al público. Éste llega incluso a seguir pistas falsas que da el realizador, como la protagonista robando la navaja de la cartera del médico, o cuando el hombre se deja en el hotel la tarjeta de identificación. Sin embargo el espectador permanece clavado a la butaca con cara de circunstancias y con cierta sensación de haber espiado por la mirilla de una habitación privada cuando recibe la mirada desafiante de Otilia en el último instante del film.
La película, mediante prodigiosas elipsis, parece narrada en tiempo real, sin apenas música, en espacios claustrofóbicos y, en ocasiones, con cámara en mano…Su realizador está dispuesto a todo para contarnos una historia cruda, sin concesiones, sin mirada moralista; elude todo tipo de “pancartismo” para centrarse únicamente, en contar una historia de las muchas que se esconden detrás de una dictadura y que puede parecernos lejana pero es en realidad muy reciente.
Una película para recordar, de las que te dejan un poco tocado, a las que sigues dando vueltas horas después de su visionado. Genial para pasar un magnífico mal rato.