"2046", de Wong Kar-Wai, por Nacho Bergua
Resumirla con una palabra, es imposible. El cineasta Wong Kar-Wai (Shangai, 1958) nos lleva en los minutos iniciales de su nueva película a un mundo imaginario que finalmente resulta no serlo tanto. 2046 es una excusa para contar una historia de amor y desamor, una historia que un amplio número de personas han vivido en primera persona. Su título, compuesto por cuatro números, despista a los espectadores induciéndoles a creer que están frente a una película de ciencia ficción. Los primeros diez minutos nos trasladan a un mundo futurista con toda su estética explícita (mega-ciudades de rascacielos, trenes sin destino…). Un inesperado punto de giro rompe todos los esquemas y todo lo que era deja de serlo. Partiendo de una nueva trama que apela a la memoria, Wong Kar Wai nos acerca a un mundo intangible pero real: los últimos años de la década de los sesenta en Hong-Kong.
2046 exige una predisposición física y mental con la que hacer frente a una trama densa y compleja, cuya esencia es sencilla: la búsqueda del amor. La historia se centra en las relaciones amorosas de unhombre, Mr. Chow, que huye a Hong-kong después de traicionar a una mujer cuyo amor fue correspondido. En su nueva vida comenzará la búsqueda de un amor, encontrando únicamente una relación tormentosa con su vecina de habitación y otras tantas relaciones esporádicas. Los personajes entran, salen y reaparecen haciendo que el espectador no pueda dar nada por sentado, ya que en el momento más inesperado todas las ilusiones que se ha creado se desvanecen en un pestañear de ojos.
2046: suspiros y silencios que dicen más que las palabras; una realización cuidada hasta el detalle más ínfimo; fotografía elegante donde los dos mundos, el imaginario y el real, se diferencian por sus tonalidades; y un aspecto retro y lujoso que se entremezcla en escenarios y situaciones familiares para el espectador (viajes en taxi por la ciudad con la persona amada, cigarrillos, vagones de trenes, pasillos de hoteles, boleros, tangos y más cigarrillos).
Una película llena de emociones y situaciones próximas al espectador, una historia que rescatauna sempiterna sensación, la más antigua y angustiosa del mundo: el desamor.