Soñar despiertos
Dice el psicólogo Nicholas Humphrey en una entrevista con Eduardo Punset (Cara a cara con la vida, la mente y el universo; Ed. Destino, pg. 203) que "la función principal de los sueños es, precisamente, ensayar sentimientos, lanzarnos a situaciones extraordinarias para aprender... " y que "a través del sueño se aprenden cosas de la vida real, aunque sea en forma de juego". Creo que hay una proximidad enorme entre las vivencias mentales que experimentamos al soñar con las que nos produce el cinematógrafo en esa fascinación casi mágica a la que he llamado "Soñar despiertos". Las películas nos permiten incorporar vivencias mentales y emocionales que enriquecen o aumentan nuestra vida más allá del plano de lo cotidiano al que habitualmente llamamos realidad. Es por eso que el cine de alguna forma es una escuela vital, y tanto la elección de las películas que vemos, o que hacemos, como la actitud con la que nos entregamos a esa experiencia onírica configuran nuestro crecimiento personal, en la misma medida que lo hacen los sueños y otros niveles de la mente y la conciencia que escapan o rodean a la mecánica rutinaria de lo ya aprendido abriendo nuestra mente hacia la inmensidad de lo que nos queda por aprender. La cinematografía, al igual que los sueños, también está hecha de sustancias mentales: fantasía, símbolos, relatos, emociones, etcétera... Hay sueños lúcidos: aquéllos en los que nos mantenemos conscientes de estar soñando y podemos modificar voluntariamente el discurso del sueño y nuestra presencia en él. Cada persona puede observar en sí misma qué queda de su lucidez cuando va al cine o, simplemente, cuando se despierta por la mañana. "... que toda la vida es sueño, y los sueños sueños son".